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Bacalao al pilpil

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  Unos lomitos bastan para hacer el apaño y preparar con brío este goloso plato. Dejarás por tres días el bacalao salado, bien pudiera ser menos, depende del tamaño. En una sartén amplia has de añadir el ajo, picarlo no hace falta, te sobra con chafarlo. El aceite, de oliva, debe ser refinado, no queremos que añada mucho sabor al plato. Añade una guindilla y déjalo al abrazo del gentil calorcillo de un fuego moderado. El bacalao remoja ya estando tierno el ajo en el cálido aceite. Empieza por un lado y en cuestión de minutos estará confitado. Toca darle la vuelta y esperar otro tanto. Tras eso queda solo darle un meneo majo. Al haberse cocido en un fuego tan bajo en el cálido aceite su jugo habrá soltado. Dale ahora un meneo, Pilpil se llama el plato, si en círculos lo mueves todo se habrá ligado en una espesa salsa y estará terminado.  

En defensa del romance

    "No me gusta escribir poesía clásica porque la métrica me limita demasiado" ¿Has pensado esto alguna vez? No es de extrañar que el verso libre sea el claro predilecto de quienes empiezan a escribir poesía, pues ofrece libertad creativa y es un gran vehículo para expresar ideas ajenos a la tiranía de las formas... ¿o no?      He aquí el primer consejo: cada cosa a su tiempo ¿Podría un aspirante a arquitecto construir un prodigio arquitectónico sin saber levantar la más elemental de las estructuras? Creo que convendrás que no. Entonces, ¿por qué esperar de quien da sus primeros pasos en La Gaya Ciencia esferificaciones y deconstrucciones sin saber cocinar unas sencillas lentejas?      Sí, lentejas. Son un plato humilde, pero saciante, gustoso y contundente. No muy diferente es, en esta nuestra poesía hispánica, el caso del romance. Su métrica octosilábica, tan amable a nuestra lengua castellana, lo convierte en un gran punto de partida. Si ...

Romance del peregrino

  Peregrino que caminas del mundo por blandas sendas y con polvo en las sandalias y provisiones escuetas buscas en tu corazón lo que jamás fuera encuentras. Besa, ¡oh noble peregrino! su imagen, que aquí la llevas arrugada en vuestro sayo y esclava de tus cadenas. Reza, ¡oh sabio peregrino! porque en tus brazos la tengas de la cintura ceñida de un río en la ribera; yaciendo entre margaritas y amapolas lisonjeras tendidos sobre la hierba al sol de la primavera. ¡Triste de ti, peregrino! Pues de ella lejos te encuentras, por tierra extraña caminas, por selvas y abruptas sierras. Llegará el día dichoso en que al fin consigas verla pero hasta entonces caminas, caminas por tristes tierras.

Endecha

Quisiera yo decirte ahora que estás ausente que sin ti las estrellas arriba languidecen. Alto, en el firmamento, de antiguo incandescente ahora brilla tenue, mortecino y silente guardado  por cometas y una luna creciente el dormido astro rey. No me mires, ni empieces a decirme te quiero si no volveré a verte, si puede que no vuelvas, si los labios que bese no son tus mismos labios. Si no te tengo, vete lejos de mí y contigo todo aquello que anhele, todo aquello que duela, todo cuanto recuerde.