Redondillas
Ya se cayó de la cuna, nudosa, dura y torcida, en aliento suspendida no bajo la triste luna sino al amparo del sol del chopo la última hoja; y la brisa que la aloja, que es para ella un crisol, sí, la desplaza y la mece pero en fugaz remolino al desecho mortecino fundirla quiere, parece, de rosa, clavel y viola. La ráfaga momentánea toma también la foránea semilla de la amapola; caleidoscópico gira este tumulto en revuelo que desafiando al suelo el inmenso cielo admira. Tristemente la energía, la etérea fuerza que mueve en el balanceo leve la multitud que tenía, lentamente va cayendo. Resuella, jadea, expira, su carga contrae y estira, va finalmente perdiendo la rosa, el clavel, la viola… tan solo queda la hoja que pronto cae y se moja. Flotando en el agua, sola, en el estanque, profunda,...